EL LENGUAJE DE LOS DIOSES



Universos Paralelos
por Pablo E. Chacón

"El lenguaje de los dioses" registra el fenómeno del chamanismo en el sur del continente americano, a través del arte, las prácticas y las cosmovisiones aborígenes.

El uso occidental del término chamán data del siglo XVI. Su entrada al sistema lingüístico indoeuropeo se debe a las narraciones de algunos exploradores rusos que lo adaptaron desde la lengua de los tunguses. Esa etnia habitaba la zona septentrional de la estepa siberiana, y fue entre sus descendientes donde los exploradores observaron las prácticas de sus hechiceros. De forma insólita, los tunguses se sumergían en extraños estados mentales después de consumir un hongo, la amanita muscaria. Bajo sus efectos, cantaban, ponían los ojos en blanco, decían comunicarse con seres inmateriales y tomaban decisiones de interés colectivo. Seres tan especiales, entendieron, no merecían sino seguir llamándose como en su lengua de origen: chamán.

Los relatos de posesiones, demoníacas o divinas, atravesaron la historia y los continentes; tomados por algún espíritu, ciertos sujetos, ya desde los textos bíblicos, hablaban en lenguas, aunque más no fuera para dejar en evidencia que en éste, hay otros mundos: hablaban el lenguaje de los dioses, título de este volumen que se ocupa de registrar no sólo el fenómeno del chamanismo sino también el del arte y las cosmovisiones aborígenes en el sur del continente americano.

"El lenguaje de los dioses es sin duda el lenguaje del símbolo, el que habla con metáforas, con analogías, el que devela y oculta a la vez, el que llega desde las borrosas profundidades de la conciencia o desde más allá de ella, y sólo se capta en forma completa e instantánea por las vías empáticas, sensibles e intuitivas, o durante los sueños, el trance u otros estados visionarios", escriben los compiladores, subrayando que esa lengua, la lengua universal, paradójicamente no tiene traductores; irreductible a todo cifrado, constituye, en el corazón de lo propio, lo otro, lo más ajeno, tan familiar como siniestro.

Los ensayos, de diverso alcance y referidos a la Argentina, ampliados en algunos casos hasta la cuenca amazónica, describen unas prácticas (la platería, los cantos sagrados, el trabajo de la arcilla entre los mapuches, el arte rupestre de los aborígenes del noroeste) que articulan una cosmovisión que las engloba y supera, inspirada por el chamanismo, de cuyas variaciones regionales dan cuenta los materiales y las representaciones, como es posible pensar si esa práctica se mantiene casi idéntica en el tiempo y el espacio; es decir, como un conjunto de métodos extáticos orientados a conectar el universo paralelo y a simple vista invisible de las ánimas, para conseguir su apoyo en la gestión de los asuntos humanos; o en otras palabras (las del don Juan de Castaneda), orientados a despejar el puente entre los mundos.